Luis María López Allué
(Huesca, 1860 - Huesca, 1928)
Luis María López Allué, abogado y escritor que habría de popularizar el seudónimo «Juan del Triso», vino al mundo en Huesca el 27 de marzo de 1860, festividad de San Ruperto, obispo. Hijo del abogado y hacendado agrícola Francisco López Loscertales y de Joaquina Allué, vivió en el 18 de la calle de las Cortes. Bachiller por el Instituto de Huesca y licenciado en Derecho por la Universidad de Zaragoza, el prolífico articulista y no menos ubérrimo coplero, dio sus primeros pasos en la prensa satírica local, concretamente en El Isuela (1881), publicación periódica dirigida por Máximo Escuer en cuyo subtítulo se leía «Avenida burlesca, literaria y de intereses locales». Y en buena medida, por estos andurriales se movió la vocación social y el sesgo como escritor de este «modesto Pereda oscense», según afortunada expresión de José-Carlos Mainer que acota la endilgada por Mariano de Cavia, quien lo motejó de «Pereda aragonés», como nos recuerda el profesor Juan Carlos Ara. A menudo, empero, la crítica literaria ha sido poco benévola con el autor de Coplas y más coplas, al que ha tachado de «casticista» y «costumbrista baturro».
López Allué supo hacer compatible una intensa vida dedicada a las letras y una no menos abigarrada actividad social y política, lo que le granjeó la estima ciudadana. Allué, que en lo concerniente a lo público era partidario indisimulado del cacique Manuel Camo, llegó a ocupar el sillón de la alcaldía oscense. En 1889 fue elegido concejal al Ayuntamiento de Huesca por el Partido Liberal Dinástico. Nombrado alcalde en enero de 1894, ejerció la autoridad municipal hasta julio del siguiente año, aunque continuó en el empleo edilicio que dio por finalizado en 1897.
En 1912 es nombrado director del Diario de Huesca, cargo en el que permanece hasta julio de 1913, cuando gana la oposición de juez y renuncia a su responsabilidad periodística, no así a la colaboración habitual. Desde 1922 y hasta su muerte en 1928 «víctima de una antigua afección bronquial súbitamente agravada», volvió a dirigir este importante rotativo en el que publicó a lo largo de su vida miles de artículos en prosa y verso.
En 1883 escribió la obra teatral Huesca por dentro, estrenada en el Teatro Principal al año siguiente y también para el teatro dio a las prensas La copla de picadillo (1913). De su obra narrativa destacaremos Pedro y Juana (1902), De Uruel al Moncayo (1902) y Alma montañesa (1913). Pero la cima narrativa de López Allué, sin duda, es su novela de costumbres aragonesas Capuletos y montescos (1900), trágica historia amorosa de caciquil trasunto, en la que el autor no oculta cierta mitificación de esta figura, de tan execrable arraigo en la vida española como recurrente presencia literaria.
Luis López Allué prologó la obra poética modernista de José María Eyaralar y Antonino de Caso, Abril (1912). Los tres, prologuista y poetas eran grandes amigos de Ramón Acín, quien había diseñado la portada de este poemario. En particular López Allué gozó de su amistad y cariño plasmados en distintos artículos de Acín comentando sus obras y estrenos teatrales. Ramón Acín también es autor del monumento erigido en Zaragoza a la memoria de este singular escritor oscense. El Diario de Huesca de 26 de julio de 1929 publicó un hermoso artículo de Ramón en el primer aniversario de la muerte de quien había sido director del periódico, «El último día y la última baturrada de Don Luis» lleva por título y constituye un sentido homenaje a quien considera «el mejor cantor de Aragón».