Felipe Alaiz de Pablo

Felipe Alaiz de Pablo

(Belver de Cinca, Huesca, 1887 - París, 1959)

A pesar de estar hoy prácticamente olvidado, Felipe Alaiz de Pablo fue apreciado como el escritor anarquista más importante de su época. Fue leído, respetado e influyente como escritor y como periodista.
Desde su Belver natal Alaiz llegó a Huesca, donde tenía parientes, muy a finales del siglo XIX para iniciar sus estudios de Bachillerato, y ya entonces entabló amistad con Acín, según cuenta el propio Alaiz en Vida y muerte de Ramón Acín (1937). Desde entonces fue Acín su amigo incondicional, seguramente también el más íntimo y con toda probabilidad el más duradero, ya que la amistad perduró hasta la trágica muerte del artista en los inicios de la Guerra Civil. Además, según piensa Francisco Carrasquer, intelectual libertario como ambos y contrapariente de Alaiz, la relación entre Acín y Alaiz fue el germen del grupo que durante los años de la Primera Guerra Mundial constituyeron en Huesca y Zaragoza varios jóvenes literatos y periodistas de inspiración republicana y costista, agrupados luego por Alaiz como «guerrilla antifascista»: Ángel Samblancat, Joaquín Maurín, Gil Bel, Ramón Acín y el propio Alaiz. Muchos de ellos colaboraron en Talión (Huesca, 1914-1915), luego todos coincidieron en el semanario republicano El Ideal de Aragón (Zaragoza, 1915-1920) y más tarde en otros empeños periodísticos o editoriales, lo mismo que todos hicieron suyas las ideas anarcosindicalistas, si bien Maurín evolucionó pronto hacia el marxismo aun sin dejar de militar en la CNT.
Felipe Alaiz concluyó el bachillerato en el instituto de Lérida adonde solicitó el traslado ya en 1899 y, según parece, inició estudios universitarios de letras en Zaragoza. No obstante, la muerte de su padre, militar retirado, le dejó libre para dedicarse a su verdadera pasión, el periodismo y la literatura. La madre de Alaiz pertenecía a una acomodada familia de Albalate de Cinca y ni ella ni las cuatro hermanas de Felipe objetaron nada ante la escasamente recompensada dedicación del único varón, más bien al contrario, le ayudaron en lo económico y le dieron cobijo las veces que llegaba huido de las fuerzas del orden, normalmente por delitos de opinión.
Alaiz inició su carrera como escritor en El Diario de Huesca en abril de 1913 y fue seguramente Acín quien le allanó el camino puesto que el oscense publicaba ahí sus viñetas desde unos meses antes, cuando el diario fundado por Manuel Camo estaba dirigido por Luis López Allué. En el verano de 1913, Alaiz viajó a París, como también pretendía hacerlo y en las mismas fechas Ramón Acín, aunque éste zanjó su viaje en Barcelona para colaborar con Samblancat en el efímero semanario La ira.
Entre 1918 y 1920 firmó asiduamente en El Sol de Madrid, el diario más prestigioso del momento, fundado en 1917 por Nicolás de Urgoiti y apadrinado intelectualmente por Ortega y Gasset. Según Alaiz, había sido el mismo Ortega quien lo había captado para su periódico y por ello le guardó gratitud inquebrantable. Al parecer, dejó el diario madrileño para consagrarse a la difusión de las ideas libertarias y desde entonces publicó casi exclusivamente en la prensa anarquista. Mientras colaboraba en El Sol vivía en Zaragoza donde desarrolló una intensa labor divulgativa en el campo del aragonesismo político y cultural.
La relevancia que adquirió la CNT hacia 1919 y 1920, así como el ejemplo de Acín o Maurín condujeron a Alaiz en torno a 1920 a saltar del nacionalismo al anarcosindicalismo. A finales de este año formaba parte ya del Comité Regional de la CNT en Cataluña y aunque no sin desacuerdos y polémicas se mantuvo fiel hasta el final de sus días al anarquismo de la CNT. Dirigió las publicaciones más señaladas del movimiento libertario –desde Crisol, órgano del grupo «Los solidarios», hasta Solidaridad Obrera o Tierra y Libertad–, derrochó una vastísima erudición en sus escritos y fue además traductor y sobre todo lector consumado. Entre sus autores predilectos se encontraban Eliseo Reclus, Baltasar Gracián o Joaquín Costa. Alaiz murió en París, con la austeridad que había dominado su vida, atrás quedaban veinte años de exilio, un campo de concentración de castigo, y multitud de páginas sugerentes: novelas, ensayos y artículos.