Ricardo del Arco y Garay
(Granada, 1888 - Huesca, 1955)
Nace Ricardo del Arco en el mismo año que Ramón Acín, 1888, el 27 de marzo, en la Granada que un día pintaría el artista oscense. Del Arco no pintó, quizá por su miopía, pero el resto de palos relacionados con la Cultura los tocó todos.
Unas oposiciones le trajeron a Huesca en 1908 como encargado del archivo de Hacienda, tras haber estudiado en Tarragona y Valencia, donde se había licenciado en Historia el año anterior. Comenzó entonces una febril carrera de investigación y publicaciones. Exhumó documentos, divulgó iglesias o edificios inéditos, redactó informes, escribió historias y biografías, recogió tradiciones y manifestó la necesidad de organizar campañas de recogida etnográfica, algo a lo que Felipe Alaiz y Acín se apuntaron, aunque sin tiempo de llevarlo a efecto. Cronista de la ciudad nombrado en 1912, organizador y responsable del II Congreso de Historia de la Corona de Aragón celebrado en 1920, profesor de instituto, Del Arco igual coordina el Nomenclátor comercial de la provincia de 1950, que escribe una novela de rancio sabor popular.
También ejerce su pluma en la prensa local donde vierte opiniones sobre variadas materias. Todavía es recordado en un abigarrado despacho en el Coso Alto de Huesca, donde guardaba pilas y pilas de libros, en medio de obras de Coscolla o Aventín, fotografías viejas, legajos traspapelados de cualquier archivo. Desde allí divisaba la galería alta de los Villahermosa, o siguiendo por el Coso el lugar donde estuvo la casa de Lastanosa, entonces vivienda, entre otros, de los Mingarro. Lastanosa fue, precisamente, uno de los hombres que más atrajo su espíritu curioso.
Del Arco realizaba frecuentes excursiones por la provincia. Su casa de Nueno era muy conocida entre los viajeros que transitaban la ruta de Arguis, allí guardaba muchos papeles y documentos.
Ideológicamente Del Arco fue hombre de convicciones e ideales derechistas que encajaron en la república de las letras oscenses donde todos compartían pacífico Parnaso. En 1922 publicó un magnífico libro, todavía no superado, sobre Las Calles de Huesca, y le pidió a su colega Acín que lo ilustrara. Del Arco y Acín se veían con frecuencia, pues el primero regentaba el Museo Provincial y la biblioteca donde el segundo echaba muchos ratos. Con todo, en su serial sobre Figuras aragonesas, no llegó a retratar a Ramón Acín.
El Alzamiento le pilló a Don Ricardo con el pie en su sitio: en zona nacional, en la Universidad de Verano de Jaca donde suscribió un documento a favor de los rebeldes que no dejó lugar a dudas. Permaneció en Jaca mientras la ciudad de Huesca estuvo sitiada y allí colaboró activamente en el periódico ultranacionalista hijo de su propia inspiración, Jaca Española. Al acabar la contienda publicó su Catálogo monumental de Huesca, una obra oportuna al comenzar su estudio antes y acabarlo después del conflicto, recabando fotografías y descripciones de muchas estructuras artísticas destruidas por las «hordas rojas».
Su cabeza siguió bullendo estudios y proyectos. Paseaba, así, con el ensimismamiento tópico del sabio miope, metido en sus cosas sin preocuparse del tráfico, incipiente todavía en Huesca, pero que el día de San Fermín de 1955, acabaría con su vida. Un camión del ejército conducido por alegres militares atropelló a Ricardo del Arco a sus sesenta y siete años, con la cabeza aún llena de propósitos intelectuales que ya no podrían materializarse.