Manuel Bescós Almudévar

Manuel Bescós Almudévar

(Escanilla, Huesca, 1866 - Huesca, 1928)

Hijo del carlista Francisco Bescós Lascorz y de la beata Francisca Almudévar Vallés, Manuel Bescós Almudévar, «Silvio Kossti», mayor de una saga de cuatro hermanos, no abrazó ninguna de las causas ideológicas de sus progenitores. Antes al contrario, Manuel Bescós fue un regeneracionista convencido y militante, amigo y discípulo de Joaquín Costa, republicano y anticlerical, faceta ésta frecuentada a lo largo del tiempo por muchos alumnos de los jesuitas, y él lo había sido en el colegio El Salvador, en Zaragoza.
Estudió Derecho en la facultad zaragozana y en Madrid, y se ocupó posteriormente de los negocios familiares, almacenistas y exportadores de vinos. En 1891 se instala en París, dos años más tarde retorna a Huesca para casarse con María Cruz Lasierra, hija de un hacendado local. Permanecen en la capital francesa hasta 1895. El retorno a Huesca lo sitúa en la línea de acción de Costa, de cuya senda no se despegaría el buen «Kossti», costista hasta el seudónimo. Es de señalar en este punto, la abundante correspondencia mantenida entre ambos y editada en 1979 por G. J. G. Cheyne.
Hombre de negocios, Bescós fundó en febrero de 1900, junto a Severino Bello la Sociedad Hidro-Eléctrica Oscense, presidió la Cámara de Industria y Comercio, promovió los Riegos del Altoaragón, el recrecimiento del embalse de Arguis y se cuidó de sus propiedades logrando una próspera situación económica. A pesar de su credo político Manuel Bescós fue alcalde de Huesca durante la Dictadura de Primo de Rivera, siquiera brevemente, entre octubre de 1923 y marzo de 1924, período que aprovechó para resolver los problemas de traída de aguas y abastecimiento a la ciudad.
Colaboró en el semanario satírico republicano El iconoclasta (1904), dirigido por Ángel Aguirre Metaca, secretario particular de Alejandro Lerroux, y también en El Porvenir (1911-1923) o en El Pueblo (1912). Su firma, no obstante, aparece con frecuencia en distintos medios aragoneses e incluso en el periódico madrileño El Imparcial.
En 1906, durante la convalecencia de una intervención quirúrgica en Zaragoza, comienza la redacción de su obra literaria más célebre, Las tardes del sanatorio, cuya publicación en 1909 causó un enorme revuelo, hasta el punto de que el obispo Mariano Supervía y Lostalé dictó un decreto de reprobación y excomunión en el Boletín Eclesiástico del Obispado en junio de este año. En 1917 publicó La gran guerra y de 1920 son sus Epigramas, considerados por el profesor J. L. Calvo Carilla «uno de los más cuajados frutos del esteticismo aragonés».
Manuel Bescós era hombre querido y respetado en su ciudad. Amigo de sus amigos, fue testigo en la boda de Ramón Acín y Conchita Monrás en 1923 y a éste dirigió en 1928 su «testamento espiritual». Acín, que le había dedicado caricaturas, retratos, dibujos y un relieve en bronce, escribió un recuerdo emocionado, «Don Manuel Bescós ha muerto ¡Viva Silvio Kossti!», que se publicó en el Diario de Huesca, al día siguiente de la desaparición de su gran amigo, luctuoso acontecimiento que tuvo lugar el 1 de diciembre de 1928, sábado.